Soto y Kaleñuk siguieron remarcaron su inocencia y no contestaron preguntas
Durante las cuatro horas que duró la audiencia, César Soto y Sergio Kaleñuk no movieron un músculo de la cara. Ambos acusados llegaron temprano y permanecieron en una sala aislada hasta el comienzo de la audiencia que se desarrollaba en el quinto piso del edificio del fuero penal, sobre calle España al 400. Pasaron 20 años del crimen de Paulina Lebbos y por primera vez Soto, ex pareja de la joven y padre de su hija, está imputado como autor del crimen, Pero nada lo alteró: ni que Alberto Lebbos le dijera violento ni que lo responsabilizara directamente por lo que sucedió con su hija. Kaleñuk, en tanto, también soportó embates: le dijeron “hijo del poder” en la cara, pero su máximo movimiento fue para sacar la tapa del vaso de café que le habían comprado.
Soto, vestido con camisa negra y pantalón gris, se sentó atrás de su abogado, el defensor oficial Roque Araujo. Kaleñuk, de camisa blanca y saco marrón, estuvo al lado del suyo, Patricio Char. El hijo del fallecido Alberto Kaleñuk, quien fuera secretario privado de José Alperovich, sólo atinó a susurrarle algunas cosas a su abogado cuando entendía que lo que decía Lebbos no era cierto en alguna parte del relato, pero no más que eso.
Ambos ya habían estado en una sala de audiencias. Fue cuando se realizó el juicio contra la cúpula de seguridad de la provincia, tras el cual se condenó a Eduardo Di Lella, Hugo Sánchez, Nicolás Barrera y Rubén Brito. Pero en esa oportunidad fueron testigos. Ahora son imputados.
Antes de darles la oportunidad de hablar, el presidente del Tribunal, Gustavo Romagnoli, quien junto a los vocales Fabián Fradejas y Luis Morales Lezica llevarán adelante las audiencias, hizo leer el requerimiento de elevación a juicio que había realizado el fiscal de Instrucción Carlos Sale, el mismo que ahora debe sostener la acusación distante el debate. Allí se especificó que en la madrugada del 26 de febrero de 2006, Paulina llegó a la casa de Soto, en calle Estados Unidos al 1.200, donde se produjo una discusión que terminó cuando el hombre, “ejerciendo preeminencia física”, la estranguló hasta matarla. Y que luego se puso en contacto con Kaleñuk, a quien conocía de la cancha por su afinidad con Atlético Tucumán, y le pidió que lo ayudara a deshacerse del cuerpo y a encubrir el crimen. Según Sale, Kaleñuk accedió y entre ambos llevaron el cadáver de Paulina hasta el kilómetro 2,8 de la ruta 341, en Tapia, donde lo arrojaron entre unos matorrales.
Romagnoli, de a uno, los hizo pasar a la silla que se había colocado frente al tribunal, y les dijo que estaban en su derecho de declarar o de permanecer en silencio sin que esto significara prueba en su contra. Y los dos tomaron la misma postura: hablarían, pero no responderían preguntas.
Soto fue el primero. “Soy inocente. Todo esto me provocó un perjuicio muy grande, me cambió totalmente, perdí el contacto con mi hija. He sido perjudicado socialmente. Fui excluido”, remarcó. Y agregó: “me dejaban sin trabajo cuando aparecía en los medios. Necesito que se aclare todo esto. Quiero tener un vínculo con mi hija. Vengo sufriendo y padeciendo todo lo que pasó”. Soto remarcó en relación con su familia (está casado y tiene dos hijos): “somos personas de bien. Trabajadoras. Yo tengo mucha angustia, mucha congoja. Perdí mi vida con todo esto. Siempre, desde que pasó, estuve a la sombra, viendo cómo sobrevivo. No fue fácil llegar a hoy. Soy libre pero no estoy libre”. El principal acusado por el crimen dijo además que le cuesta sobrevivir. “Pasan los años y esto no se resuelve. Quiero que se sepa la verdad. Se dijeron cosas horribles de mi persona. No pude hacer el duelo. No se me permitió despedirme de ella. Siento todo el dolor. Es un perjuicio para todos los que me rodean”. Y antes de terminar aseguró: “quiero que se sepa la verdad”.
Luego fue el turno de Kaleñuk, quien tampoco aceptó preguntas. Pero no quiso dejar dudas cuando reafirmó: “yo a este señor (por Soto) no lo conozco. Nunca lo vi en mi vida. No tengo nada que ver con esto”. Dijo además que se compadecía de Lebbos “pero no justifico sus insultos”. “La vida no es así. Siempre quisieron perjudicarme. No justifico el ensañamiento contra mi persona”, dijo y se preguntó: “¿Alguien se acuerda de mí? ¿De mi familia? Nadie se pone de mi lado”. Kaleñuk finalmente recordó: “fui sobreseído dos veces. Todo esto es una situación ilógica e injusta. Quiero que se haga Justicia. Confío en Dios”.
Luego, ambos siguieron la audiencia junto a sus representantes. Tienen la oportunidad de hablar cuando lo deseen. Incluso cuando hayan pasado todos los testigos. Pero por ahora prefirieron no ser sometidos a preguntas. La estrategia parece clara: primero saber qué pruebas reales hay en su contra. Y luego, tratar de desarmarlas con sus propias palabras o bien con la declaración de otros testigos. A 20 años del crimen, todas las preguntas que se les podría hacer, por ahora, quedarán sin respuestas.
Antes de que comience la audiencia, los jueces Gustavo Romagnoli, Fabián Fradejas y Luis Morales Lezica resolvieron dos planteos. Por un lado, reafirmaron que Alberto Lebbos no puede ser querellante en la causa, por lo que no habrá acusación privada. Y por otro, desecharon que se incorporen nuevos testigos como había planteado la defensa de Kaleñuk. Por ahora la cifra de 75 testigos se mantiene inalterable./LaGaceta

