Qué está poniendo a prueba Artemis II y por qué de eso depende el regreso de la NASA a la Luna

Qué está poniendo a prueba Artemis II y por qué de eso depende el regreso de la NASA a la Luna
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A simple vista, Artemis II puede leerse como el gran regreso humano al entorno lunar después de más de medio siglo. Pero la misión fue diseñada con otro propósito, menos visible y más decisivo: comprobar en vuelo que la nave Orion y el sistema SLS pueden sostener una tripulación en espacio profundo y dejar lista la base técnica del próximo paso del programa, el alunizaje de Artemis III. NASA define este vuelo como la primera misión tripulada de SLS y Orion, y como una demostración amplia de capacidades que deberán funcionar lejos de la órbita baja terrestre.

Ese objetivo explica por qué, apenas despegó, la misión empezó a parecerse menos a una travesía simbólica y más a una larga lista de verificaciones. En las primeras horas, la tripulación tuvo que revisar sistemas internos, reorganizar la cabina para transformarla en un espacio habitable durante diez días y empezar a probar elementos tan básicos como el dispensador de agua potable, la comida rehidratable, el inodoro y el sistema que elimina dióxido de carbono del aire. No son detalles de color: son piezas de una cadena sin la cual no hay misión larga posible.

La maniobra que mira hacia Artemis III
Una de las pruebas más importantes ya ocurrió en el primer tramo del vuelo. Tras separarse de la etapa superior del cohete, Orion utilizó ese módulo como blanco para una demostración de operaciones de proximidad. La tripulación pasó la nave a modo manual y practicó movimientos de aproximación, orientación y alejamiento controlado, mientras Houston seguía la secuencia desde tierra. Según la NASA, esa experiencia busca reunir datos y práctica operacional que no pueden obtenerse igual en simuladores y que serán necesarios para futuras maniobras de encuentro y acoplamiento en órbita lunar, a partir de Artemis III.

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La relevancia de ese ensayo va más allá de la escena técnica. Artemis III no deberá limitarse a volar alrededor de la Luna: tendrá que encontrarse y operar con otros elementos de la arquitectura lunar. Por eso, en Artemis II la navegación fina ya aparece como una destreza concreta y no como una promesa. Lo que se practicó en estas horas, con la etapa superior convertida en objetivo de prueba, forma parte de ese aprendizaje.

Soporte vital, la parte menos vistosa y más sensible
La otra gran evaluación está adentro de la nave. El press kit de la misión deja claro que Artemis II debe demostrar que los sistemas de soporte vital de Orion están listos para sostener tripulación en futuras misiones. Ahí entra casi todo lo que hace habitable a una cápsula: aire respirable, manejo del dióxido de carbono, agua, higiene, temperatura y organización del espacio interno. En el primer día de vuelo, la tripulación empezó justamente por ahí.

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Ese examen ya tuvo una pequeña incidencia real. Antes de una de las maniobras orbitales, los astronautas reportaron una luz intermitente de falla en el sistema del inodoro. Más tarde, la NASA informó que la tripulación y el control de misión lograron resolver el problema y devolverlo a operación normal. La novedad no alteró el plan de vuelo, pero mostró algo importante: estas misiones también se juegan en la capacidad de detectar un problema menor, entenderlo rápido y resolverlo sin perder el hilo de las operaciones.

Navegar cuando la referencia habitual ya no alcanza
Artemis II también está probando cómo se mueve y se orienta Orion cuando empieza a salir del entorno más familiar de la Tierra. NASA explica que, mientras la nave todavía recorre su órbita elíptica inicial, el equipo verifica sistemas de comunicación y navegación preparados para operar más allá del alcance útil de los satélites GPS y de la red de retransmisión habitual. En ese punto entra en juego la Deep Space Network, la red que debe acompañar a Orion cuando el viaje ya se interna en el espacio cislunar.

Ese cambio de escala es central porque una misión lunar no puede apoyarse en las mismas referencias que un vuelo en órbita baja. La navegación, la telemetría y las comunicaciones empiezan a trabajar con otras distancias y otros tiempos. Artemis II está probando esa transición en vuelo, no en teoría.

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El cuerpo humano también forma parte de la prueba
La nave no es el único sistema bajo evaluación. El cuerpo de los astronautas también entra en el examen. La agenda diaria de la misión prevé el uso de un dispositivo de ejercicio con volante de inercia ya en el segundo día, algo que además sirve para seguir poniendo a prueba el soporte vital antes de dejar la órbita terrestre. Más adelante aparecen otros chequeos ligados a riesgos menos visibles del vuelo: la posibilidad de armar un refugio con equipos y suministros frente a eventos de radiación, pruebas sobre sistemas alternativos de recolección de desechos y controles de prendas de compresión pensadas para ayudar al cuerpo a readaptarse a la gravedad cuando llegue el regreso.

Ese conjunto de tareas muestra bastante bien qué está en juego en Artemis II. No se trata únicamente de llevar cuatro personas alrededor de la Luna y traerlas de vuelta. La misión tiene que verificar que Orion puede ser una nave habitable, operable y segura cuando el margen de improvisación se achica. Si esas piezas encajan, Artemis III estará un poco menos en el terreno de la promesa y un poco más cerca del vuelo real.

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